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el edificio de la ESCI-UPF, en Barcelona, estrena nueva etapa tras la finalización de las dos primeras fases de su Plan Director

Hemos finalizado las dos primeras fases, de las plantas baja y quinta, del Plan Director proyectado para el edificio de la ESCI-UPF (Escuela Superior de Comercio Internacional – Universitat Pompeu Fabra) en Barcelona. Una intervención concebida a partir de tres estrategias clave: de crecimiento, no sólo en número de alumnos, sino también a través de la creación de espacios versátiles y con distintas densidades; actualización funcional de sus antiguas aulas, para adaptarse a los nuevos estándares prestacionales y normativas actuales; y una sostenibilidad ambiental alineada con los objetivos de descarbonización y economía circular de la institución.

«Con esta intervención buscábamos tres objetivos principales: generar un nuevo lenguaje y forma de entender los espacios dentro del edificio, crear entornos de socialización adaptados a las nuevas dinámicas de los estudiantes y actualizar unas instalaciones con más de 30 años y sin reformas previas», explica Augustín Lújua, gerente de la ESCI-UPF.

 

Racionalización de la planta

Originalmente, el edificio se organizaba en torno a un patio interior, con pasillos sobredimensionados y un exceso de despachos individuales que no permitían el objetivo de la escuela, de aumentar en hasta un 33% la actividad docente. Unas preexistencias a partir de las cuales decidimos “racionalizar la planta”, reduciendo los metros de circulación y sustituyendo los espacios individuales para profesores por otros comunes y adaptados a las nuevas formas de aprendizaje, con un ágora para facilitar la socialización, un espacio de coworking o trabajo colectivo y grandes aulas que pueden unirse o separarse para adaptarse a las nuevas necesidades educativas. Aplicada en la planta quinta a modo de prototipo, esta estrategia se replicará de forma homogénea en el resto de plantas, de manera singular en planta baja y cubierta.

“Mientras que el espacio de coworking funciona como una biblioteca actualizada donde, en lugar de libros y manuales, lo que se genera es un entorno de cocreación; las nuevas aulas permiten agrupar desde 50 hasta 130 personas, con una especial doble, que al unirse sitúa al profesor en el centro y recoge la esencia clásica del foro”, añade Lújua.

 

Reconexión con el exterior

Otra dimensión fundamental de la propuesta consiste en incorporar espacios de encuentro al aire libre, en un campus vertical cuyo único acceso al exterior se produce a nivel de suelo. Para lograrlo, hemos recuperado el patio de la planta baja, que, de un área residual y sin apenas uso, pasa a albergar una gastroteca diseñada como un espacio híbrido, donde socializar y trabajar, abierta mediante una fachada acristalada a unos espacios exteriores con vegetación, que fomentan la interacción informal y el descanso. El resto de plantas abrirán nuevas terrazas al patio y reconfigurarán el espacio de circulación en torno a él; y la azotea, utilizada hasta ahora para albergar las instalaciones técnicas, se transforma en una de las intervenciones más espectaculares del Plan Director: una gran cubierta vegetal, como un jardín de expansión y recreo, donde realizar eventos y disfrutar de impresionantes vistas sobre la ciudad de manera que el edificio merezca el título de campus universitario vertical.

 

Sostenibilidad y alta tecnología

El proyecto fusiona sostenibilidad y alta tecnología, con una presencia generalizada de revestimientos interiores de madera natural, complementados con grandes aperturas transparentes entre las aulas, espacios de circulación y patio central, que generan continuidad espacial, y un sistema de lamas replegables exteriores que optimizan la entrada de luz natural sin deslumbramientos. La planta baja incorpora una paleta material muy similar, con un acceso que se expande para unirse a la recepción, donde el vidrio y la madera transmiten una acogedora y fuerte presencia institucional. Digitalizadas para el entorno híbrido, las aulas integran cámaras, micrófonos y pantallas interactivas desplegables desde el techo que permiten el seguimiento de las clases a distancia y la descarga de contenidos en línea.

Para Lújua, lo realmente relevante, más allá de la creación de nuevos espacios y actualización de las preexistencias a las nuevas tecnologías, radica en «cómo el proyecto ha logrado un cambio de dinámicas en el comportamiento de unos alumnos que ahora viven la universidad con mayor intensidad, trabajan en grupo, participan en seminarios y comparten espacio de trabajo y colaboración con profesores, generándose interacciones que antes no existían».