Title Image

escuela suiza de barcelona, suficiencia e innovación para la descarbonización de la ciudad

Con una estructura mixta de grandes luces y baja huella de carbono, que combina hormigón, acero y madera, y permite crear un aulario suspendido sobre un apilamiento de espacios exteriores semienterrados, el proyecto de la Escuela Suiza de Barcelona responde a la necesidad de incrementar la superficie exterior, en una localización que había agotado su capacidad de crecimiento urbanístico.

 

Potenciar lo construido y multiplicar su capacidad funcional

Guiado por los principios que definen nuestro trabajo a la hora de intervenir en la ciudad existente, –de potenciar lo construido, multiplicar la capacidad funcional y reducir el impacto ambiental–, el proyecto nace de la necesidad de ampliar el espacio funcional de una Escuela que ya había agotado su edificabilidad. Un lugar donde, con el objetivo de concentrar en el campus toda la actividad deportiva y de recreo del centro, y frente a la imposibilidad de seguir creciendo de forma convencional, planteamos un ejercicio de esponjamiento, en el que el espacio exterior tiene lugar bajo tierra, en superficie y sobre los edificios. De esta forma se logra que, tanto los espacios deportivos y las áreas de recreo, como los pequeños jardines y lugares de encuentro, queden integrados en el edificio, como parte de un único sistema espacial.

 

Un aulario colgante sobre espacios semiexteriores apilados

La intervención reordena las preexistencias, a través de un gran espacio deportivo bajo rasante y otro de dimensiones similares sobre él, con un edificio de aulas suspendido, que a su vez integra nuevos espacios exteriores en cubierta a distintos niveles. Un ‘apilamiento’ de espacios semiexteriores a medio camino entre un campus y un edificio único, que tras la intervención devendrá en un conjunto formado por tres edificios de épocas distintas, articulados por un sistema común de circulaciones que los atraviesa y organiza,

 

Estructura mixta de grandes luces

Para hacer realidad nuestra propuesta, hemos diseñado una estructura mixta de grandes luces, apoyada en dos torres situadas en los extremos de la parcela y de la cuelga un pabellón construido con madera, que permite liberar una gran cantidad de espacio bajo él. El sistema estructural combina los principales materiales con capacidad mecánica: el hormigón resuelve la contención del terreno y las grandes compresiones; el acero permite salvar las grandes luces; y la madera aporta ligereza a a la estructura suspendida, reduce las emisiones de CO2 y mejora la calidad ambiental interior.

 

Reducción del impacto ambiental

El diseño contempla una estructura colgada de madera laminada y forjados mixtos de tablero CLT, que disminuye notablemente el carbono embebido por su propio carbono biogénico; además de una reducción de la cantidad de acero en el conjunto por su ligereza, y el uso de un 100% de hormigón ECOpact de Holcim, que emplea materiales alternativos, energía renovable y árido reciclado en la producción del cemento, para reducir, entre un 25-30%, sus emisiones de CO2 en fases A1-A3, comparado con hormigones convencionales. Además, se incorpora una envolvente de alta eficiencia y sistemas de confort basados en energías renovables producidas en la propia parcela, con capacidad para descarbonizar, tanto el nuevo edificio, como parte de las construcciones ya existentes.

 

El nuevo lenguaje del carbono

La Escuela Suiza de Barcelona resume nuestra manera de entender la transformación de la ciudad existente, a través de más espacio útil, más intensidad de uso y menos impacto ambiental, mediante la innovación arquitectónica, estructural y constructiva. El uso de hormigón ECOpact, junto con la optimización estructural derivada del uso de la madera, conducen a una reducción del carbono embebido global de un 45% respecto de soluciones iniciales sin objetivos de descarbonización; y, si consideramos criterios de suficiencia que deberán incluirse al hablar de carbono en el futuro, esta intervención incrementa notablemente el número de horas de actividad en el emplazamiento, mejorando la amortización del carbono ya embebido en el complejo y la infraestructura de la ciudad.

Estamos ante un nuevo lenguaje del carbono, que cambiará el modo en que diseñamos y construimos los edificios, y donde la fórmula del impacto global no se podrá confiar sólo al diseño ni a los materiales sino que tendrá que tener en cuenta aspectos de suficiencia y mayor intensidad funcional del carbono ya embebido. Es decir, de lo ya construido.